Cuando nos sentamos en una butaca de cine, nos sumergimos en la película y la historia que nos cuenta y olvidamos que lo que estamos viendo es una ilusión. A veces llegamos a creer que percibimos olores o texturas olvidando que el cine solo se sirve de dos de nuestros sentidos: La vista y el oído.

Sin embargo, aunque al primer cine, se le llama siempre cine mudo, el cine nunca fue mudo, desde el principio se acompañó a las películas con gramófonos o pianistas que interpretaban canciones al ritmo de lo que ocurría en la pantalla. El silencio muy continuado es inquietante, si alguna vez pruebas a salir a la calle con los oídos tapados, compruebas que parece que estés en otro mundo. La realidad tiene sonidos y desde el principio se intentó que la imagen fuera acompañada de sonidos.

En 1927 se rodó la primera película sonora, “El cantor de jazz” en la que se interpretaban canciones y números musicales.
Es curioso, que gracias a esa concentración que conseguimos al ver una película olvidamos que las películas nos muestran algo muy distinto a la verdadera realidad y olvidamos que en la vida real no existe esa música que en el cine acompaña a los protagonistas para que nos emocionen más sus acciones.

Uno de los directores más importantes de la historia (Francis Ford Coppola) decía que la música es el mejor amigo del director, ya que multiplica lo que ocurre en la imagen sin que el espectador se de cuenta y es que por alguna razón el oído es mucho más inconsciente que la vista. Si alguna vez te sientas en la calle y cierras los ojos descubrirás sonidos que pensabas que no existían. Los creadores de películas saben esto. A lo largo del trimestre intentaremos descubrir como nos afecta esta influencia “mágica” de la música.

“KING KONG”      Grabación de música para películas      “¡ESTO ES RITMO!”