Si dibujamos unos personajes o animales o cosas en una hoja, o ponemos en una mesa unos muñecos de plastilina u objetos y les animamos, y les gritamos: ¡corre! ¡lleva la pelota! ¡salta! ¡dale a la raqueta!...
Podemos gritar mucho hasta perder la voz y aunque les llegue nuestro ánimo, no es suficiente para que se muevan. No se mueven.

Hace unos años, quizás en la época de Segundo de Chomón, cuando la gente se cansó de poner objetos por ahí y gritarles y no conseguir nada. Las gentes del cine crearon el cine de animación, y consiguieron que cualquier objeto de este mundo pudiera jugar, moverse, enamorarse, saltar…

¿Y cómo?

Porque sabían que nuestros ojos, cuando ven una imagen, ésta se queda grabada en la retina un breve instante (persistencia retiniana) y pensaron que si ponían una imagen detrás de otra, imágenes muy parecidas pero en posiciones diferentes, y la pasaban muy rápido conseguirían la ilusión de ver un movimiento.

Puede conseguirse utilizando imágenes impresas en celuloide, papel u otro medio (muñecos articulados, figuras de plastilina…);
o bien utilizando imágenes generadas por ordenador.

Mostrando una sucesión de 24 fotogramas en cada segundo, la ilusión es un movimiento fluido, como si fuese visto de forma natural. Hemos creado así el cine de animación.

 

“TOKYO GODFATHERS”space_wI Taller de animación con plastilinaspace_wII Taller de animación con plastilinaspace_w“PERSÉPOLIS”